Nació en Extremadura y pasó toda su niñez, y gran parte de la juventud, en León. Aún así, se manifiesta enamorado del mar. «Debí ser marino en otra vida. Si no, no me lo explico». Su pasión se plasma en cada rincón de su restaurante, tomado por redes, timones, remos y hasta la quilla de un barco que hace la vez de barra. También es un referente en su carta, y lo será en la del restaurante Doble Q que abrirá en abril en Quintueles, ligado al Hotel BAL, de cinco estrellas. Para no desentonar, también él se pone por un día la gorra de capitán.
Soy un amante de mi actividad, perfeccionista, por lo tanto exigente. No me considero ambicioso en el sentido material, pero sí en el profesional. Estoy felizmente casado, tengo tres hijos y dos nietos. Me gusta mucho el deporte como espectador ya que no practico ninguno. Una de mis pasiones es el ajedrez, un juego que enseñé a mis hijos y espero tener tiempo de enseñar a mis nietos.
La puerta, profunda, normalmente cerrada y forrada de lustrosa madera con apliques de bronce, puede originar, en la mínima calle dedicada al máximo Adeflor, cierta timidez de apertura al recién llegado. Supérese, que dentro todo es bienvenida.
Vicente Crespo, que sin hacer ningún ruido hizo escuela en su casa gijonesa, amplía horizontes junto al último hotel asturiano de cinco estrellas.